
En esos momentos en los que me detengo a mirar a mi alrededor, me pongo a pensar: ¿Nos damos cuenta, los seres humanos de que a veces actuamos como marionetas, guiadas por quien sabe qué perverso que se deleita al vernos movernos al unísono con sus manos?
Es estúpido, y odio pensar que yo misma vivo de esa forma a veces, y odio mas aún saber que no soy la única que se da cuenta de que hay un par de manos trazando nuestros caminos. ¿Por qué nadie hace nada?
Caminamos por el mundo haciendo lo que “tenemos” que hacer, no lo que queremos hacer, nos aferramos a amores ya marchitos, porque no sabemos cerrar etapas, porque pensamos que debemos seguir amando algo que ya no existe.
No nos damos la oportunidad de ver lo que tenemos en frente, porque insistimos en atarnos a cosas que creemos todavía tener, porque preferimos culpar a quien nos mueve si cometemos algún error. Y así, nos perdemos de tantas cosas que nos da la vida.
La niña que la embarazan a los 17 y tiene que casarse, porque “¿qué dirá la gente?”
La esposa durmiendo con ese que llega todos los dias después de haber tenido sexo con alguien de la edad de su hija. Pero no se puede divorciar, porque entonces los amigos se preguntarán qué pasó.
El hombre que quiere llorar, pero… un momento! Nadie le ha dicho que tiene derecho a expresar sus emociones. Recuerda a su papa cuando en su infancia, lloraba cuando lo castigaban, y por cada lágrima le tocaba un golpe más. Los hombres no lloran.
Temor a volver a amar, temor a emprender un nuevo trabajo, temor a gritar lo que pensamos, todo por temor a fallar.

¿Cuándo vamos a cortar las cuerdas?
¿Hasta qué momento vamos a ser manipulados por las endemoniadas manos de la sociedad y de aquel que invento las reglas?
¿Dónde quedo el amor?, ¿Los sueños?, ¿La inocencia?, ¿Dónde quedaron la verdad y la libertad de hacer justo lo que nuestro corazón nos pide?…digo, todavía tenemos corazón, ¿cierto?