
La lluvia comenzó de repente, estabas sentado en un sillón, indiferente.
La brisa, fuerte, enojada, tratando de llamar tu atención, entró a tu casa y con un rocío helado te abofeteó en la cara
Los árboles ya no murmuraban, ahora gritaban un quejido desesperado.
Te levantaste y cerraste la ventana. Volviste a tu lugar intentando pensar en otra cosa.
De repente escuchaste el fuerte estruendo de una puerta que cerró, habrás olvidado algún ventanal.
Tu piel se erizó.
Sabías lo que estaba pasando.
Sabías que esa tormenta era yo, furiosa. Solías decirlo, siempre fui muy intensa, demasiado pasional para tu gusto
Sabías que la lluvia eran mis lágrimas, sabías que los truenos y el inquisidor canto del viento era mi rabia
Sabías que yo hice estrellar esa puerta, eso también lo entendiste
Lo que nunca te imaginaste es que me llevaría la llave y me desharía de ella, por si decidías regresar



