
Ya te conocía de antes, nos habían presentado varias veces. Todo el mundo hablaba de ti, solo que algunos no tan bien como otros. Mi madre sí te mencionaba a cada instante, y en realidad fue desde un principio la mas interesada en que me pasara ese fin de semana en las montañas contigo “Te conviene, hazme caso y ve”. Aunque sé que lo sabes, te lo diré: En principio no quería ir, no es que no me interesara estar contigo, si desde que te conocí solo me ofrecías y me dabas maravillas, pero se me ocurría que podía verte en cualquier momento, no tenia que “apartarme del mundo” para irme contigo de fin de semana. “Necesitas tiempo a solas con él. Aprovecha cada segundo” fueron las palabras que uso mi mama para despedirse, mientras yo, con mi maleta, partía hacia aquel lugar donde ya me esperabas.
De camino me la pase mirando por la ventana, esperando que hubiera buena señal para poder llamar a mis amigos si me aburría.
Desde que llegué me dieron la bienvenida un grupo de personas, sonrientes, felices de que yo ya estuviera aquí, eran quienes te servían. Rápidamente tomaron mis maletas y me dirigieron hacia un salón. “Ven, él te espera”. Recuerdo mi sensación en ese momento, estaba nerviosa, tenia ganas de llorar, pero ya sentía tu presencia, me dabas tanta paz!
Lo que sucedió en ese fin de semana queda solo entre tú y yo.
Pero fueron completamente inolvidables esos días contigo, Dios. Me tuviste entre tus brazos todo el tiempo, allí llore como nunca en mi vida, allí me sentí feliz como hacía años no lo sentía. Tu te dedicaste a sacar de mi todas las cosas que me herían o que dañaban a otros. Limpiaste mi alma, así como hiciste por medio de tu hijo hace dos milenios con las almas de toda la humanidad. Me enseñaste todo tu poder, al hacerme perdonar las peores traiciones de mi vida. Me enseñaste toda tu bondad, al asegurarme que tu también me perdonabas. Sentí tu mano en mi espalda, lo juro! Y aunque siga explicando, nunca encontraré suficientes palabras para explicar lo que viví en pleno contacto contigo.
Ha pasado un año desde entonces, me he alejado un poco de ti algunas veces, y es entonces cuando recuerdo que si no te tengo en mi vida me vuelvo un completo desastre y grito tu nombre llamándote desesperada. Mi sorpresa es que tu no gritas cuando me respondes, porque estas justo a mi lado, y dices “Aquí estoy”. Gracias, gracias por un fin de semana maravilloso, gracias por recordarme que tu perdonas TODOS los errores de quienes te reconocen, gracias por demostrarme que tu das alegría por mas profunda que sea la tristeza. Gracias porque cuando estoy a tu lado, haces de mi vida una fiesta.