
Muchas veces al empezar una relación, aunque no queramos y digamos que no somos esa clase de persona, comenzamos a adoptar poses, a comportarnos de un modo específico, a estudiar al otro hasta el nivel que dejamos de vivir el momento, a buscar en sus ojos historias ocultas, queriendo desarrollar en un gran esfuerzo esa facultad perceptiva que nos dirá que hay detrás de todo lo que estamos viendo. El caso es que finalmente nos olvidamos de lo que tenemos en frente para averiguar lo que hay detrás, y así, sin darnos cuenta, pasamos por alto la verdadera esencia del otro en una absurda búsqueda de cosas, que en realidad ni queremos saber.
Nos conocimos hace unos meses, salimos por casi dos (o algo así). Durante el tiempo que estuvimos juntos no puedo decir que la pase mal, pero me doy cuenta que tampoco lo disfruté en su totalidad. Me lo dijo muchas veces “deja de preocuparte por esas cosas”. Pero no, no dejaban de preocuparme, una ciudad completa haciendo historias sobre su pasado, historias que protagonizaban el presente cuando estábamos los dos. Historias que en los pocos momentos que no se las mencionaba, estaban igual dando vueltas en mi cabeza. Paso lo que tenia que pasar, se terminó. No quería que se acabara, pero en realidad, no creo que había ya otra salida.
Unas semanas un poco triste, algunas lágrimas (pocas, para decir verdad) y ya había quedado todo en el pasado. En algún momento incluso llegue a pensar que aunque de todo lo que me pasa, siempre saco algo positivo, en este caso no era así. “Que no tengo que llevarme de todo lo que me dicen?” ya eso lo sabía. ¿Dónde estaba la moraleja, como en los cuentos? No la encontraba, hasta que de repente, cuando deje de buscarla, la entendí!
Un encuentro casi casual con aquella persona, nos ubicó en una misma mesa de un restaurant, con amigos suyos y amigos míos, hablando de mil temas diferentes. Como dicen, “se rompió la taza” y terminamos en un bar. Ya no me importaba él como hombre, ya no era más que un amigo a quien le tenía cariño. La sorpresa fue, que no me imagine que la fuéramos a pasar tan bien!...Se lo dije, estuvo de acuerdo conmigo. Sentados en una mesa hablamos de todo. Nos reímos toda la noche. Conocí otra parte de él, (o sería otra parte mía, con él?).
¿Que nos llevamos mejor como amigos? No creo que sea eso. Tampoco es que me interese volver hacia atrás. Pero así como en un momento pensé que de lo que tuvimos no había aprendido mucho, luego vi que no era ese el caso. Y sé que cuando decida comenzar una relación, tendré dos caminos: uno es traer el pasado al presente, y revolcarme en cuentos viejos. El segundo, fijarme en lo que tengo en frente, olvidarme de todo lo otro, vivir y conocer el hoy, el ahora.